Elecciones en Gran Bretaña 2017

Aires de cambio para Gran Bretaña: El Labour Party se quedó a 2,4 puntos del partido vencedor y Theresa May se ve obligada a formar un gobierno de coalición. Mientras, el UKIP pierde parte importante de sus escaños.

Estación de metro de Westminster situada en frente del Parlamento de Gran Bretaña.

Con un escrutinio del 68,7%, las elecciones del pasado 8 de junio en Gran Bretaña reflejan cómo las decisiones de Theresa May, en conjunto con el UKIP, han hecho mella en la sociedad.

Resultados comparados con respecto a 2015

De los 23 partidos que se presentaron a las elecciones en los distintos territorios de toda Gran Bretaña, sólo 9 lograron al menos uno de los 650 asientos de Westminster.

Esto supone un duro varapalo para partidos minoritarios como el Social Democratic and Labour Party (Partido Socialdemócrata y de los Trabajadores), que perdió los tres escaños que tenía, o el Scottish National Party (Partido Nacional escocés), que perdió 21 de los 56 que tenía.

No obstante, no fueron los únicos en darse de bruces con la realidad. El UKIP perdió su escaño y un 10,8% de los votos, y el partido de Theresa May perdió 13 escaños, quedándose así con 318.

Los ganadores de la noche, por otro lado, fueron el Labour Party (Partido de los Trabajadores), presidido por Jeremy Corbyn, que ganó 30 escaños, el Liberal Democrat (Partido Liberal-demócrata), que ganó 4, el Democratic Unionist Party (Partido Democrático-unionista), que ganó 2 escaños en varias regiones de Irlanda del Norte, el Sinn Fein, que ganó 3, y el Plaid Cymru (Partido galés), que ganó 1.

Consecuencias

Según la ley británica, un partido necesita alcanzar 326 escaños para reafirmarse como vencedor de unas elecciones.

Por ello, y dado que Theresa May ha perdido el apoyo de sus principales aliados, el UKIP, con respecto al Brexit y a las relaciones con Europa y al descontento de la población con las políticas racistas y nacionalistas llevadas a cabo en los últimos meses, es muy posible que, en el caso de no lograr una coalición con partidos minoritarios, sea el turno del Labour Party de tratar de formar gobierno.

La hora de los pactos

No obstante, existe aún una opción de que May se quede en el “número 10” (nombre por el que los británicos conocen la residencia y oficina del Primer Ministro, situado en el nº 10 de Dawning Street, a escasos metros de Westminster), aunque eso implique que, para conseguir su apoyo, May tenga que aceptar algunas condiciones. El partido dispuesto a llegar a un acuerdo si sus peticiones se aceptaran es el DUP, los unionistas de Irlanda del Norte liderados por Arlene Foster. Sólo de este modo se alcanzaría el número mágico que otorgaría a los conservadores la mayoría en el parlamento.

Entre dichas condiciones se pueden destacar una mayor partida presupuestaria para Irlanda del Norte, una de las más olvidadas por Londres, más poderes para el Ejecutivo o la aprobación del matrimonio LGTB (pues es la única región del territorio formado por las islas donde el matrimonio entre personas del mismo sexo es ilegal). Además, exigen, en el caso de seguir adelante con el Brexit, el derecho de mantener una frontera “débil” con sus vecinos de la República de Irlanda, como hasta ahora.

En el lado opuesto, el Partido de los Trabajadores, aunque si bien han logrado hacerse con localidades tradicionalmente conservadoras como Kensington, uno de los barrios más ricos de la capital, lo tienen más difícil para llegar a tener mayoría, pues con 262 escaños tendrían que llegar a acuerdos con todos los partidos minoritarios con representación minoritaria, incluido el Sinn Fein, el brazo político del IRA, quienes se niegan a ocupar sus escaños en Westminster. No obstante, incluso aún lográndolo les faltarían 5 escaños.

¿Y qué pasará con el Brexit?

Las presiones para May sobre el Brexit y las negociaciones no sólo vienen de Bruselas o Alemania, desde donde se lleva un tiempo avisando a la aún Primera Ministra británica que si quiere ir por el camino difícil y ser tajante al respecto, la resolución será complicada para ambas partes, sino también por las distintas empresas con base en Gran Bretaña que exigen al gobierno respuestas sobre el punto en el que se encuentra el país para comenzar las negociaciones.

Visto desde fuera, en estos momentos el ejecutivo de Theresa May tiene dos opciones. La primera, seguir sus convicciones que parecen no estar apoyadas por nadie y darse con un canto los dientes, de nuevo. La segunda, escuchar las propuestas de los expertos, escuchar al pueblo, sentarse a dialogar con Bruselas y pensar en las consecuencias que pueden llegar a tener sus decisiones para todo el mundo. ¿Cuál tomará? El tiempo lo dirá.

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