RELATOS POR CAPÍTULOS: Amor 50%, capítulo 2

Amor 50%

Capítulo 2 : El descuento

-Por favor, mi novio estará aquí pronto, pero quiero darle la sorpresa- dije necesitaba comprarle un regalo a Jenson, pero para mí mala suerte tenía que ir acompañada de mi pareja para que hicieran válido el maldito descuento.
-Señorita, de verdad, entiendo su situación, pero debemos registrar dos nombres para poder aplicar el descuento.-
-Pero me voy a llevar el paquete.-
-Sí, lo comprendo…-
-Por favor…-
-No podemos hacer esa excepción, señorita, no me ponga en esta situación.-

La voz de ese chico, a quien me había encontrado afuera era realmente agradable al oído, llamó mi atención de inmediato al escucharlo alzar un poco la voz en tono negociador.
-¿En cuánto está la tasa de cambio entre libra esterlina y libra manesa?-
-La sinceridad no debe ser influenciada por el tipo de cambio.-
-Creo que usted no debería ofrecerme un descuento cuando está hablando de demostrar sinceridad.-
-Señor, ¿Cómo puede mencionar descuento y sinceridad en una misma frase?-
-Sin conocer el tipo de cambio, no puede determinar el tamaño de mi sinceridad.- dijo, me llamó la atención el hecho de que se puso de pie para enfrentar al vendedor. Por una parte tenía razón, quizá solo tenía disponible una fracción, era comprensible.
-Señor, creo que tiene razón.-

El vendedor lo miró con desdén y tomando el diamante se retiró a la parte trasera de la tienda, yo estaba esperando que me hicieran una excepción y que me vendieran lo que yo quería. Estaba secando las gotas de sudor de mi frente con mi pañuelo de seda que mi abuela me había bordado a mano, con mi nombre en mandarín y con una flor de cerezo.
-Mire, el destino puede ser algo divertido, esto es divertido, voy a pagar por el paquete, pero vi ese reloj y me dije que era el regalo perfecto para mi novio, es el destino. Anda- dije –Please, please don’t make me beg… please, is such a shame… You can help me, but you don’t want to… If I call him, this won’t be a surprise anymore- dije hablando con un acento más marcado, me percaté por el reflejo del cristal que me volteó a ver. A los pocos minutos el vendedor salió y entregó un papel.

-Señor, aquí tiene.-
-Gracias.-
-Este es el valor real de la pieza en libras esterlinas. El anillo es tan perfecto que podría hacer que el pañuelo que la dama sostenga se ponga verde de envidia.- dijo y miré de inmediato a mi pañuelo, en efecto era verde.
Él volvió la cabeza en dirección a donde el vendedor miraba, era donde me encontraba yo, sonreí levemente y apreté mi pañuelo. Me miró con menos prepotencia.
-Me lo llevo.- dijo y yo me di por vencida, pero al verlo sacar una tarjeta de crédito ideé un plan.
Me acerqué.
-¡Espere!- dije poniendo la mano en la caja de muestra de la joya. -¡Querido! ¿Por qué no me dijiste que estabas aquí?- lo tomé del brazo y lo alejé de las vitrinas, me miró con enfado.
-¡Hey! ¿Qué te sucede?- preguntó.
-Shhh ¡Kay!, ¡Kay!- hablé poniendo mis dedos en su boca para que no hiciera un escándalo.
-Señorita, por favor, no tengo tiempo para juegos.-
-Shhh, déjame explicarte.-
-No tengo tiempo.-
-Necesitamos hacer el pago junto.-
-¡Ni siquiera le conozco señorita!-
-¡Sé que todavía estás enojado conmigo, pero… ¡Deja de herir mis sentimientos!- alcé la voz, y él se asustó, miró a su alrededor, pues todos lo miraron de inmediato y me sentí mal, bajé la voz –El descuento se aplica por pareja, yo necesito comprar ese reloj y tu ese anillo. Es en beneficio de
ambos, por favor. Ni tú, ni yo tenemos a nadie aquí a quien acudir por ayuda.-
Todos nos miraban de manera reprobatoria, sobre todo a él, y yo lo acababa de meter en un problema, todos lo miraban por mi culpa.
-Per…-
-¿Sabes lo duro que es trabajar para mantenerse? He ahorrado años para comprar algo que valga la pena, ese reloj es por ahora, mi prioridad. Ayúdame por favor.- me miró enfadado y se soltó de mi agarre, no iba a lograrlo, no tenía suficiente dinero para pagar la totalidad en otra joyería. Agaché la cabeza y acomodé mi bolsa, lista para salir.

-Nena, dile al vendedor cual quieres.- dijo, lo miré sonreí y corrí.
-Gracias, sabía que no te enfadarías de nuevo- dije saltándole encima y abrazándolo, se tensó.
-Vale, vale, no hagas esto, déjame hacer el pago.-
-Oh… cierto.- dije medio sonriente.
-Disculpe, mi novia y yo tuvimos una pelea, pero lo hemos solucionado… voy a pagar por el paquete de regalo.- dijo abrazándome sobre mis hombros, mi reflejo fue tomarlo de la cintura.
-Oh, comprendo, ¿Cómo se conocieron?-
Maldito vendedor del demonio.
-Fue una coincidencia, nos conocimos fuera de una joyería en Belfast.-
-¿De verdad?-
-Si.- respondí, mientras el me miraba con confusión.
-Ah…- dijo el vendedor.
-Querido, ¿no crees conveniente tomar el ferry a Belfast antes de hacer la compra aquí?, quizá tengan el reloj que tanto querías de aquella joyería.- me di la vuelta persuadiéndolo a salir conmigo, pero era mi estrategia para que el estúpido vendedor hiciera su trabajo rápido.
-¡Esperen un momento!, Estoy seguro de que no se arrepentirán de su elección.- alegó y tomó las cosas para luego alejarse.
Brinqué de emoción y me alejé de él, no sabía su nombre, solo le estaba agradecida por ello.
Miré que estaba hastiado por algo, no precisamente porque le obligué a ayudarme, el vendedor regresó con las cajas y la bolsa, me mostró el anillo y el reloj, ambos asentimos, forzando una sonrisa y él hizo el pago, tenía que devolverle el pago afuera y en efectivo.
-Si me permiten… ¿Cómo celebraran el día de San Valentín?-
-Una cena a la luz de las velas.-
-¿En dónde?-
-Depende del lugar donde me vaya a llevar, quizá en casa, ¿cierto querido?-
-Es una sorpresa.- dijo ya irritado.
-Gracias, hasta luego.- dije y caminamos a la salida.
–Ya que hay descuento ¿vemos otras joyas?- sentencié, solo me miró, puse la bolsa sobre el aparador.
-Nena, tengo prisa, tengo que volver a la oficina.- continuó fingiendo bajo la mirada crítica del vendedor chismoso. Tomó mi mano y tiró de ella, yo tomé la bolsa y salimos.
-Dame mi anillo, llevo mucha prisa.-
-Espera, déjame darte el dinero.-
-Tomaste otro anillo, este no es el que yo elegí.-
No me di cuenta y había tomado la bolsa equivocada, pero 2 intrusos nos interrumpieron.
-¡ES NUESTRO!-
Lo tomaron y nos amenazaron con navajas, no podíamos gritar o pedir ayuda, el vendedor salió detrás de nosotros.
-Sr. Disculpe, señorita, esta bolsa es la suya, hubo una confusión ahí dentro.-
Ambos nos miramos, aparte de chismoso, idiota.
-Gracias, es también nuestro- dijo el ladrón.
Nos llevaron a una calleja no transitada.
-No la lastimen por favor.- habló. –Solo toma lo que quieres, pero no le hagas daño- dijo con tranquilidad.
-¡No me hagas daño, por favor, soy sólo el vendedor, estoy haciendo mi trabajo!-
-Cierra la boca.- vociferó el ladrón.
Yo lo miraba con desaprobación, compasión y con ganas de querer matarlo por imbécil.-
-Si no te callas, te voy a callar.-
-Saquen todo lo que traigan.- habló el otro.
Metí la mano a mi bolso, yo era demasiado rebelde y demasiado nómada como para dejar que se llevaran algunas de mis pertenencias. Saqué unas monedas y las lancé a la bolsa que ellos tenían en las manos, luego puse una manzana.

-¿Qué diablos?-
-Solo tengo manzanas.- abrí mi bolso y mostré que tenía alrededor de 10 manzanas más, una libreta y un libro. El chico comenzó a estornudar.
-¿Cómo es que fuiste a la joyería sin dinero?-
-¿Que no ves que vengo con mi novio? Viene arreglado para irse a trabajar, su reloj debe costar al menos 5 mil libras.- Me acababa de meter en un gran lío, su mirada fue de descontento y furia.

¿Crees que necesito dinero saliendo con él?-
La realidad era que tenía miedo, nunca había sido atracada, quizá, sí, me había metido en un problema al lanzarle al ladrón a él, pero siempre iba a ser más fácil pagar que ser lastimada o algo parecido. La navaja paso de mi cuello al de él.
-Ya sabes que hacer, ¡anda!-
Sé quitó el reloj, y lo puso en ese bolsillo, mientras que el otro hombre obligaba al vendedor a hacer lo mismo con su reloj y con su sortija de matrimonio. Al verme libre, golpee al ladrón que estaba con el vendedor, lo lancé al piso pero sentí un brazo en mi cuello, luego sentí más forcejeos, el tipo que me estaba impidiendo salir, como reflejo golpeó al chico, este cayó al suelo, mientras que el otro corría lejos y me lanzaba, estaba por caer cuando sentí que me sostenían. El otro atracador se puso de pie y arrebató las bolsas de las joyas, como impulso e instinto de supervivencia, le arrebaté el móvil de las manos y lo lancé a la cabeza del ladrón, dejó caer una bolsa y salió corriendo. Estaba fuera de cualquier disculpa, ni arrodillándome el chico me disculparía, era mi culpa, lo había obligado solo por un descuento.

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