Donald Trump, un hombre de etiquetas

Y de pronto hay que pensar porque vivimos en un mundo lleno de etiquetas y como es que esas mismas etiquetas pueden llegar a afectar seriamente a una persona, una comunidad, un pueblo; que si el morenito, la más alta, el más pobre, el más rico, el que más sabe, el analfabeta, el drogadicto, el violador, etiquetas que nos marcan de por vida que muchas veces nos marginan; y todo esto viene a colación por los discursos de odio hacia los migrantes mexicanos por parte del señor Donald Trump durante su campaña rumbo a la presidencia de los Estados Unidos de Norte América quien ha definido en múltiples ocasiones a los mexicanos como problemáticos, citándolo textualmente: “Cuando México envía a su gente, no envían a los mejores. Envían gente que tienen muchos problemas”.

“Los inmigrantes mexicanos traen drogas, crimen, son violadores y supongo que algunos son buenas personas” se le ha escuchado decir en más de una ocasión, incluso ha llegado a afirmar que han llevado enfermedades mortales a su país. También lo hemos podido escuchar hablar de su intención de levantar un muro en la frontera sur de Estados Unidos que sea financiado por México.

Está claro que el discurso de Donald Trump no sólo afecta a los ciudadanos mexicanos sino que resulta imposible imaginar a una persona que usa palabras tan violentas y despectivas, haciéndose cargo del destino de una nación y es que con su manera de hablar, su forma de referirse despectivamente hacia las personas, de etiquetarnos a cada individuo el señor Trump no solo ofrece un panorama violento hacia su propia nación sino al mundo entero.

Deberíamos reflexionar sobre cuántos migrantes además de los de nacionalidad mexicana dan vida a ese país, gente que trabaja día a día con la esperanza de forjar un futuro mejor pero que también han llevado a Estados Unidos a ser el país próspero que es; y sobre todo deberíamos pensar en lo que le espera al mundo con alguien que se expresa de esta manera, bastante odio y guerra tiene este planeta como para añadirle a un protagonista más de la violencia sea de la forma que sea.

Actores de distintos ámbitos han expresado su total rechazo hacia la candidatura del señor Trump entre ellos el ex presidente de México Felipe Calderón quien se ha expresado diciendo: “Está hablando en contra de migrantes que tienen un color distinto de él. Es francamente racista y es la explotación de fibras sensibles que en su momento el propio Hitler hizo”.

Por su parte, su Santidad el Papa Francisco, a una pregunta de un periodista respondió que “una persona que sólo piensa en construir muros, sea donde sea, y no construir puentes, no es cristiano”. Dijo esto refiriéndose a Donald Trump, quien a su vez contestó que no, eso no es lo que él había dicho, tratando de hacer alusión a sus creencias religiosas.

Por su parte, el director de cine Alejandro Gonzalez Iñarritu se expresó diciendo lo siguiente: “Ser tan rico y tan agrio… es un hombre tan pobre que su única posesión es el dinero. Esa es la lección que todos tenemos que aprender”.

Y ya que hemos mencionado al séptimo arte, este 15 de abril se estrenó en los cines mexicanos la película “Desierto”
producida por Jonás Cuarón y protagonizada por Gael García Bernal, cuyo drama trata de retratar los problemas a los que se enfrenta un migrante al querer cruzar la frontera y como la patrulla fronteriza se encarga de cazarlos cual si fueran animales.

En conferencia de prensa durante la presentación de su película, Jonás Cuarón convocó a quienes vean dicha película a tomarse una selfie con una hoja que tenga escrita alguna de las frases con las que Trump ha calificado a los mexicanos y dijo: “Las palabras son la manera como describimos el mundo que nos rodea. Se vuelven etiquetas mediante las cuales entendemos el mundo.”

No, en este momento ya no nos podemos permitir que una persona con la excusa de limpiar su país pueda llegar a cometer crímenes des-humanidad, no debemos permitir que se levanten más muros de los que ya hay, puesto que han sido esos mismo muros los que solo han ocasionado divisiones y guerras gracias a la ambición por el poder.

Cada vez estoy más convencida que la mayoría de la gente debe de tener las mismas oportunidades para salir adelante ya sea en sus propios países o fuera de ellos pero eso no significa que tengamos el derecho a humillar, pisotear al que lo ha dejado todo para poder cumplir un sueño, crear un futuro mejor para él y para los suyos.

Ya es tiempo de hacer el amor y no la guerra.

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