EL FUTURO DE LA LECTURA EN LA ERA ELECTRÓNICA

libros ebook La influencia de las nuevas tecnologías de procesamiento de la información y las nuevas comunicaciones electrónicas están modificando nuestros hábitos de lectura así como el concepto que teníamos de lectura. Y es que «a medida que se modifican la impresión del libro y las maneras de escribirlo y leerlo, a medida que las comunicaciones electrónicas imponen su predominio, se está modificando el “sentido” del compromiso literario.

La lectura y la escritura significan algo distinto, adquieren nuevos sentidos» (Birkerts 16). Estas son unas de las ideas más importantes que se tratan en el libro Birkerts, Sven, Elegía a Gutenberg: el futuro de la lectura en la era electrónica. Madrid: Alianza, 1999.

Sven Birkerts es un conocido crítico literario y ensayista norteamericano, de ascendencia letona. Es el editor de la revista literaria AGNI y escribe ensayos y críticas para revistas y periódicos literarios, principalmente en el New York Times Book Review, Atlantic Monthly y New Republic.

Es el autor de ocho libros, el más conocido Elegía a Gutenberg: el futuro de la lectura en la era electrónica. Además, ha recibido becas de las fundaciones Lila Wallace-Reader’s Digest y Guggenheim, también ha recibido varios premios y citaciones del National Book Critics Circle y del PEN Spielvogel/Diamondstein.

El libro mencionado anteriormente es un conjunto de ensayos del autor que comparten una misma premisa: determinar el impacto que suponen las nuevas tecnologías a la lectura. Es un libro dirigido a aquellos lectores interesados y preocupados por el futuro de la lectura. La obra se divide en tres partes (aparte de la introducción y la coda) «El yo lector», «El milenio electrónico» y «Masa crítica: tres reflexiones». En la introducción, el autor ya nos deja ver su posición respecto a este tema y nos da un anticipo de su perspectiva en cuanto al futuro del libro, la cual no es muy optimista.

Esta perspectiva tan pesimista puede deberse a que el autor es un lector cuya creencia es que el lenguaje es el motor evolutivo del hombre y no la tecnología. En la primera parte, el autor reflexiona sobre la posición que ocupa la lectura en la cultura actual (de 1999).

Para ello, utiliza sus propias experiencias relacionadas con la lectura y el sentimiento literario desde su adolescencia, que es la época donde aparecen las cuestiones existenciales más profundas. En estos primeros capítulos la lectura se hace rápida y entretenida ya que al relacionar sus pensamientos y reflexiones con sus experiencias puede parecer la historia de una novela más que un ensayo, además no utiliza oraciones muy largas y complejas ni vocabulario muy complicado por lo que la lectura se hace sencilla. En la segunda parte, el autor nos habla de los nuevos medios electrónicos como los audiolibros, el hipertexto, etcétera, y mientras analiza las ventajas e inconvenientes de estos medios y de la letra impresa, nos explica sus teorías y reflexiones al respecto. Aunque menciona alguna que otra ventaja, se centra principalmente en los aspectos negativos que estos avances tendrán y están teniendo en la lectura. En esta parte del libro el autor utiliza también algunas experiencias suyas para ejemplificar el avance de los medios electrónicos, sin embargo, las reflexiones toman un carácter más profundo que las de la primera parte. En la tercera parte, el autor nos muestra el estado en el que se encuentra la literatura y, además de hablarnos sobre sus impresiones y pensamientos al respecto, utiliza las obras The Liberal Imagination de Lionel Trilling y Death of Literature de Alvin Kernan, además de la película Young blood Hawke para reflexionar sobre el pasado, el presente y el futuro de la literatura y la lectura.

En estos capítulos, el ensayo toma un carácter algo más filosófico y la lectura puede ser más lenta debido a la cantidad de referencias que nos da el autor. En la coda final, el autor hace una advertencia sobre las nuevas tecnologías que se encuentran ahí tentándonos con sus novedades.

También nos quiere abrir los ojos respecto a los cambios que traen las tecnologías y nos dice que no debemos dejarnos engañar por lo que dicen de la tecnología, porque las transformaciones son más profundas que meros cambios en la lectura o la escritura. En esta última parte del libro, para un lector que no esté acostumbrado a este tipo de obras la lectura puede hacerse algo lenta y pesada, debido a la cantidad de reflexiones y referencias que aparecen. Aunque en la coda hace un resumen de todas las ideas y reflexiones de las que ha estado hablando, la lectura puede ser algo más compleja que al principio de la obra debido a que el autor utiliza un vocabulario más complejo y la obra puede parecer más un texto filosófico que un ensayo. A lo largo de todo el libro podemos observar el amor que el autor siente por la literatura, debido a las referencias constantes a autores que han formado parte de la construcción de su propio concepto de literatura como Ralph Ellison, Joyce,Woolf, Shakespeare, entre otros.

Después de leer este libro puede que el lector sienta unas sensaciones un tanto agridulces. A cualquier lector amante de la literatura, le gusta leer obras donde el autor escriba acerca de la literatura con tanto cariño como lo hace Birkerts y la defienda a capa y espada. Sin embargo, las ideas del autor con respecto al futuro del libro son pesimistas y la forma que tiene de expresarlas hace que estas ideas se queden grabadas en el lector. Aunque el libro fue publicado en 1999 y la tecnología no estaba posicionada en la sociedad tal y como lo está hoy en día, la verdad es que los pensamientos de Birkerts no se alejaban mucho de la realidad. Según estudios sobre hábitos de lectura, hoy en día hay más lectores que nunca, sin embargo, esos lectores cada vez leen menos libros convencionales y leen más en otros soportes como los libros electrónicos. Ante estos datos puede que muchos piensen, que el futuro de la lectura es bueno porque aunque ya no se lea en libros convencionales al menos se lee lo que es un dato positivo ya que la lectura al parecer si tiene futuro.

No obstante, Birkerts nos abre los ojos de alguna manera respecto a la lectura y su futuro. Hoy en día, internet se ha convertido en el principal medio para recopilar información. En internet podemos encontrar de todo con un solo clic, y basta con echar un breve vistazo para encontrar lo que andábamos buscando.

Este tipo de lectura en la red, «lectura de rastreo», no hace uso de todas nuestras capacidades lectoras, algo que es fatal para el futuro de nuestra cultura literaria y para la lectura. Al no utilizar nuestras capacidades lectoras, éstas se van atrofiando lentamente y sin que nos demos cuenta.

Birkerts en su libro nos pone el ejemplo de una clase que impartió en una universidad sobre el relato americano: 

Había creído que mis alumnos disfrutarían con “La leyenda de Sleepy Hollow”, y se divertirían con sus caricaturas y el componente de historias de fantasma que poseía. Nada de eso. Sin excepción, el relato les pareció demasiado largo, con exceso de palabras, un aburrimiento. Atribuí su reacción al hecho de que era su primera tarea y que, por tanto, muchos estudiantes no habían adquirido aún el ritmo de lectura. [ …]  Comencé la clase, como siempre, pidiendo reacciones espontáneas del tipo “Me gustó” y “Lo odié”. Mis alumnos apenas pudieron hacer el gesto del pulgar arriba o abajo.

[ …]  Estos estudiantes habían sido totalmente derrotados por la prosa de James — su estilo— , así como por las presunciones que subyacían tras ella.

[ …]  En realidad, no pudieron comprender lo que el vocabulario, la sintaxis y la irónica elipsis, junto con otros factores les comunicaban ( 28- 30).

Con este ejemplo Birkerts nos abre los ojos acerca de la situación de la lectura en una era electrónica.

Esos alumnos no comprendieron el libro, no debido a la complejidad del vocabulario sino debido a su capacidad lectora que poco a poco se había atrofiado. La tecnología nos muestra todo, da igual lo que busquemos que con ponerlo en Google nos aparecerá de forma sencilla y simple escrita en la pantalla de manera que nuestro cerebro no tenga que trabajar.

Mientras leemos en internet podemos esperar a que cargue un vídeo de Youtube, y a la vez consultar las redes sociales como Twitter y Facebook. Internet nos permite realizar más de una acción a la vez con el mínimo esfuerzo, lo que hace que no nos centremos completamente en la lectura que tenemos ante nuestros ojos, sino que la lectura solo atrae un pequeño porcentaje de nuestra atención, el resto se divide entre otras actividades. Leemos entre contenido multimedia que nos distrae continuamente. Estas constantes distracciones, que hacen que no nos centremos plenamente en la lectura del texto, hacen que, como les pasó a los alumnos de Birkerts, cuando nos enfrentemos a una obra como Sleppy Hollow no sabremos emplear toda nuestra concentración en esa actividad.

Cuando leemos en soportes electrónicos, el mensaje avanza y nosotros tenemos que adaptarnos a su velocidad al contrario que con lo que pasa si leemos en un libro convencional, «el material impreso es estático, es el lector quien avanza, no el libro» (Birkerts 161).

Por ejemplo, cuando uno ve una película las imágenes pasan delante de él al ritmo que marca la película, y mientras la película se reproduce uno pude pensar en otras cosas y a la vez prestar atención a la película sin llegar a perder el hilo de la historia.

Sin embargo, con un libro la situación es diferente, el lector debe centrar toda su atención en el libro, el elige la velocidad a la que avanza el contenido dado que es el mismo quien lo recrea en su cabeza, y si el lector dedica su atención a otra cosa, después deberá volver a centrarse en el contenido del libro y es probable que tenga que leer de nuevo alguna parte de la que no se ha enterado bien. Y si uno se pone a pensar, es capaz de recordar algún libro en el que haya tenido que releer alguna parte mientras que es menos probable que uno haya rebobinado una película para enterarse mejor de la trama porque estaba distraído.

La comunicación electrónica es pasiva, incluso cuando es interactiva como en el caso de un ordenador. Al utilizar las tecnologías el usuario recibe información sin parar y sin esfuerzo alguno por parte del lector. Por otro lado, leer es una actividad activa y dinámica, aunque, a simple vista, pueda parecer lo contrario.

Como nos dice el escritor noruego J. Gaarder: «Leer es un acto más activo, creativo y autosatisfactorio que mirar una película» (www.imaginaria.com.ar) y es que el leer obliga a crear imágenes propias, leer implica poner toda tu atención y concentración sobre el libro y tu mente, libera la mente de preocupaciones y hace que el lector se sumerja en un mundo donde se desarrolla la imaginación y se traslada a un tiempo y lugar donde se desarrolla tramas e historias que le permiten al lector vivir otras vidas. Tal y como dijo la escritora argentina María Teresa Andruetto en una entrevista: «Un lector es alguien que de algún modo vivió muchas vidas» (alejandroduchini.blogspot.com.es).

El hecho de que las personas se acostumbren a seguir el ritmo del mensaje sin tener control sobre él, el no tener que imaginar lo que leen ya que la máquina lo muestra, el hacer más de una cosa a la vez al leer sin centrar toda la atención en la lectura, ya tenía consecuencias cuando Birkerts escribió el libro: 

Podemos comenzar con los titulares de los periódicos y las constantes lamentaciones de sus editoriales: señalan que nuestros sistemas educativos están en decadencia; que nuestros estudiantes están cada vez menos capacitados para leer y comprender los textos que se les exige; y que los resultados de sus exámenes han descendido muy por debajo de los de la generación anterior. La comunicación a base de coletillas, la comunicación a ráfagas, está destruyendo lo que quedaba del discurso político (162).

Hoy en día esta situación que nos describe Birkerts persiste. No es ningún secreto que la educación está decayendo cada año que pasa.

De hecho, si se le pregunta a cualquier persona que haya finalizado los estudios hace algún tiempo dirá cosas como «la educación ya no es lo que era» y «antes lo que estudiábamos se nos quedaba y no se nos olvidaba» y la verdad es que, desgraciadamente, es cierto. La tecnología está presente continuamente en nuestra sociedad y además también está presente, cada vez más, en la educación; ahora los estudiantes sacan la información de los medios electrónicos, dejando los libros a un lado. Hay profesores que, incluso, optan por mandar como tarea ver una película en vez de leer un libro, y quizá se deba a que saben que es mucho más probable que sus alumnos vean una película y la analicen a que se lean un libro y lo comprendan.

¿Pero quién puede culpar a estos estudiantes? La sociedad se ha centrado en convencernos de que lo nuevo es bueno mientras que lo antiguo es antiguo y algo «pasado de moda».

Los estudiantes reciben constantemente mensajes del entorno donde se les dice que esos nuevos medios de comunicación facilitan la vida y son buenos para el ser humano, por lo que es normal que vean los libros como algo antiguo y desfasado por lo que no hay que preocuparse ya que como todos los inventos desfasados irán siendo sustituidos por los nuevos inventos tecnológicos.

Esta continua presencia de la tecnología en nuestra sociedad tiene unos efectos que se han ido desarrollando durante años y que ahora son más visibles que nunca, no solo en las aulas como se ha mencionado ya, sino en toda nuestra sociedad. Para comentar estas consecuencias utilizaremos la clasificación que utiliza Birkerts en su libro.

Hay tres grandes consecuencias negativas que ha tenido y está teniendo esta sociedad totalmente absorbida por lo electrónico: «La degradación del lenguaje», «La homogenización de las perspectivas históricas» y «La pérdida del yo privado» (169-171).

El paso de transición de la cultura del libro a la cultura de la electrónica alterará de forma radical el lenguaje y nuestra forma de comunicarnos. «La complejidad y los matices de la expresión hablada y escrita, profundamente vinculados a las tradiciones de la alfabetización serán sustituidas gradualmente por una forma más telegráfica del lenguaje, sin complicaciones» (Birkerts 169).

Poco a poco se irá perdiendo esa diferencia que había entre el lenguaje escrito y el lenguaje hablado, y hoy en día podemos ver este efecto. ¿Cuántas personas siguen escribiendo mensajes online y en su ordenador tal y como se escribían antes en el papel? No muchas, y probablemente más de la mayoría usen ese lenguaje en sus estudios y en sus trabajos pero no como parte de la vida cotidiana al relacionarse con personas de su entorno. Se reduce nuestro lenguaje, poco a poco vamos olvidando la cantidad de expresiones y sinónimos que nos ofrece el lenguaje hasta utilizar los más concisos y rápidos para expresar nuestras ideas, incluso hemos acortado nuestras palabras cuando escribimos para hacer mensajes más económicos en cuanto a texto se refiere. Hemos sustituido los porqué por xq o xk, nuestros símbolos de interrogación y exclamación se han reducido a la mitad (es mucho más rápido poner el último y no los dos), y así poco a poco vamos acabando con nuestra tradición del lenguaje escrito. La historia tiene una relación estrecha con los libros y la lectura.

No solo porque el lenguaje de las diferentes épocas es capaz de trasladarnos hasta épocas antiguas, si no que el libro en sí nos muestra cómo fue una época; sus hojas, su encuadernación, sus ilustraciones… todo ello nos transporta a épocas pasadas y nos muestra como fue el mundo en la antigüedad. Es algo físico por lo que todo lo que nos cuenta un libro antiguo lo vemos como algo real, algo que ocurrió y que podemos revivir gracias a las pruebas escritas que dejaron. Sin embargo, con la sistematización de la información en aparatos electrónicos se pierde esa relación del libro y el tiempo pasado. Si nosotros leemos un libro con una encuadernación diferente a las modernas, con un estilo de letra diferente y con un lenguaje que difiere del actual, nos transportaremos a esa época, seremos capaces de comprender y analizar cómo eran y cómo vivían e imaginarnos situaciones cotidianas de épocas pasadas. No obstante, si vamos a un ordenador y tecleamos en un buscador de internet cualquiera de que época queremos información nos aparecerá todo igual; páginas con hipertexto que nos cuentan cosas sobre épocas pasadas, y da igual en la época en la que estemos porque el lenguaje siempre será el mismo lenguaje sencillo que se utiliza para almacenar información en los ordenadores con tipos de letras parecidos y todo informatizado, por lo que no nos hará falta leerlo todo y podremos ir al grano. Todo esto hace que se pierda esa relación entre la palabra y las épocas, todo formará parte de un conjunto informatizado donde se nos dice que pasó supuestamente. «El pasado que se ha escapado se nos presentará todavía más glorioso, como una fantasía llena de héroes, villanos y ambientaciones y escenarios apropiados» (Birkerts 171) y no como un tiempo pasado real.

Vivimos conectados continuamente, nuestros smartphones siempre conectados y sincronizados con los demás, nuestros ordenadores encendidos y conectados con unos y otros.

Vivimos «atrapados en nuestras redes» (Birkerts 172). Se acortan las distancias físicas y psicológicas de los individuos. Podemos conectarnos con personas que están en la otra punta del mundo a tiempo real, podemos compartir donde estamos con todo el mundo, y todo el mundo es capaz de saber dónde nos encontramos y donde estamos con un clic. Poco a poco nuestro espacio individual se va estrechando y desapareciendo lentamente. Nuestros pocos momentos en soledad, alejados de la sociedad, son cada vez menos solitarios gracias a las nuevas tecnologías y nuestros momentos en los que uno podía centrarse en un libro y evadirse son cada vez más cortos y rápidos. A que lector de hoy en día no le ha pasado que se ha puesto a leer y le ha llegado algún mensaje, alguna llamada o algún email y ha tenido que volver al mundo real solo para atender a alguien que en ese momento le apetecía hablar.

Con todo esto no se pretende decir que la tecnología y que los medios de comunicación tienen toda la culpa de la degradación de nuestra cultura literaria ni mucho menos. Sin embargo, es cierto que estas nuevas tecnologías están teniendo consecuencias negativas en nuestra cultura literaria y son una de las grandes causas de esta decadencia.

Los textos literarios son hoy en día más importantes que nunca, se necesitan para contrarrestar los efectos negativos de los modernos medios de comunicación. Y es que como podemos leer en otro ensayo más actual de Birkerts «the novel is the vital antidote to the mentality that the Internet promotes» (www.theamericanscholar.org). Aunque, como hemos estado viendo, los nuevos medios de comunicación tienen efectos negativos para la lectura y el libro, quizá, al contrario de lo que cree Birkerts, puede que estos medios no sean siempre el enemigo y puedan ser aliados de la lectura. Hoy en día todo el mundo vive interconectado lo que hace que nuestro espacio individual en el que podíamos reflexionar y hablar con nuestro yo interno sea cada vez menor, sin embargo el ser humano a parte de necesitar a la sociedad también necesita su individualidad por lo que en un mundo donde hagas lo que hagas siempre estas conectado al resto, la lectura se convierte en el momento donde uno puede desconectar y escapar de esta sociedad interconectada. Con solo apagar nuestros dispositivos electrónicos y coger un libro, somos capaces de evadirnos hacia ese «yo interno» que tanto necesitamos visitar de vez en cuando.

Se podría utilizar los nuevos medios de comunicación como internet y la televisión para fomentar la lectura en el libro convencional, de hecho hoy en día podemos ver algún que otro anuncio sobre libros y en las redes sociales podemos ver como autores fomentan la lectura de sus obras en los libros físicos. Así que quizá, aunque la tecnología se ha instalado firmemente en nuestra sociedad, hay un rayo de esperanza para el libro físico y para la lectura tal y como era antes. De hecho, las personas, poco a poco, podemos ayudar a fomentar la lectura tradicional acostumbrándonos a leer letra impresa así nos iremos acostumbrando poco a poco a ser capaces de utilizar las tecnologías cuando se necesitan y a centrarnos en la lectura sin distraernos constantemente.

Hay otro problema que nos comenta Birkerts en su libro relacionado con la cultura literaria y es la reducción de la publicación de grandes obras. Hoy en día hay mucha gente que afirma que ya no se escriben obras de importancia como se escribían antes. Pero en caso de haberlas probablemente cueste mucho publicarlas ya que como dice Birkerts: «los libros difíciles siempre han dependido del apoyo de una camarilla fiel de lectores, pero en la medida que éstos han disminuido los editores cada vez se muestran menos deseosos de arriesgarse» (23).

Antiguamente, las editoriales estaban formadas por personas amantes de los libros y su ilusión era propagar la cultura literaria por la sociedad. Actualmente, las editoriales (sin generalizar) están formadas por empresarios y como empresarios que son su objetivo ya no es expandir la cultura literaria si no generar ingresos, y es que, hoy en día, «nuestra cultura está dominada por la billetera, y por el miedo a la crisis» (Birkerts 237). Por ello, en estos tiempos cuesta tanto publicar un buen libro, ya que la editoriales prefieren publicar libros que no sean muy buenos pero que les generen dinero en vez de publicar grandes obras, ya que estas, probablemente, les reportarían menos dinero, y «aunque se escriben obras de importancia, cada vez es más difícil su publicación; o que, publicadas, se distribuyan; o que, distribuidas, se vendan; o que, vendidas, se lean» (Birkerts 244).

En cuanto a este problema, puede que a primera vista parezca que la tecnología no tiene nada que ver y que la culpa es plenamente de las editoriales, pero no es así. Como hemos explicado antes las tecnologías han ido poco a poco atrofiando nuestras capacidades lectoras hasta el punto que cuando nos enfrentásemos a una gran obra no seríamos capaces de estar cinco minutos seguidos leyéndola ya que nos parecería muy complejo.

No obstante, no vamos a echarle toda la culpa a la tecnología ya que las grandes editoriales como hemos visto también tienen gran parte de culpa de esta disminución de grandes obras. Al ver que los lectores no se interesan en ella, las grandes editoriales deciden no publicarlas y publicar libros que les vayan a reportar mayores beneficios.

Esto no quiere decir que hoy en día no existan grandes obras ya que las hay, solo que en menor cantidad.

Además, aún existen editoriales que se preocupan por la transmisión de la cultura literaria y no solo por los ingresos. Gracias a esas editoriales podemos disfrutar, aunque en menor cantidad, de grandes obras.

El libro de Birkerts es una gran obra que hará que el lector se replantee muchas cosas en cuanto al futuro del libro y la lectura en nuestra sociedad. Aunque, a priori puede asustar bastante el hecho que sea un libro ensayístico, la verdad es que una vez que lo empiezas te das cuenta que los temores que tenías al principio eran absurdos. Es una obra que te hará pensar y replantearte ciertas cosas relacionadas con nuestra sociedad y la lectura, incluso te hará ver cosas que antes ignorabas completamente aun teniéndolas delante de tus ojos. Su obra hace que el lector se replantee la situación de la cultura literaria en la sociedad, independientemente de donde viva. Es un libro interesante que hará que el lector reflexione sobre el tema semanas después de haberse leído el libro. La obra fue publicado en 1999, época en la que los avances tecnológicos avanzaban rápidamente y la emoción de la sociedad al ver estos avances era cada vez mayor, aunque, hoy en día los avances tecnológicos siguen apareciendo velozmente, incluso más rápido que en 1999, y son algo diferentes a los que veía Birkerts a su alrededor, nos podemos tomar su libro como un aviso de los cambios relacionados con la forma de enfrentarnos a los textos que han ocurrido y están ocurriendo en nuestra sociedad actual.

Estos problemas relacionados con la lectura y las tecnologías que nos plantea Birkerts en su libro, tal y como hemos dicho anteriormente, podemos verlos con tan solo mirar a nuestro alrededor. Al principio, nos puede parecer que el autor se preocupa demasiado y que lo ve todo desde una perspectiva muy pesimista. Sin embargo, la verdad es que después de leer el libro completo y reflexionar se puede comprender la preocupación de Birkerts. Como hemos podido ver, el futuro de nuestra cultura literaria está más indeciso que nunca, sin embargo como hemos dicho antes aún quedan esperanzas para el libro y su resurgimiento.

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Bibliografía

Birkerts, Sven, Elegía a Gutenberg: el futuro de la lectura en la era electrónica. Madrid:Alianza, 1999.

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Gaarder, Joste. “¿Libros para un mundo sin lectores?” 28° Congreso de IBBY (International Board. Basilea, Suiza. 9 July 2003. Web. 15 Nov. 2013. <http://www.imaginaria.com.ar/10/6/gaarder.htm>.

Duchini, Alejandro. “Un lector es alguien que de algún modo vivió muchas vidas”. Alejandro Duchini. N.p., 2012.Web. 15 Nov. 2013.<http://alejandroduchini.blogspot.com.es/2012/10/un- lector-es-alguien-quede-algun-modo.html#more>.

“HÁBITOS DE LECTURA Y COMPRA DE LIBROS EN ESPAÑA 2012”. www.mcu.es. Dirección general de política e industrias culturales y del libro. Ministerio de educación, cultura y deporte. Gobierno de España, Jan.2013.Web. 16 Nov. 2013.<http://www.mcu.es/libro/docs/MC/Observatorio/pdf/Habitos_lectura_2012.pdf>.

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