SECCIÓN PROTESTA: LAS POLÍTICAS LINGÜÍSTICAS NO INTERESAN

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En España se han dado pasos de gigante hacia atrás en muchos ámbitos, y las políticas lingüísticas no iban a ser menos, ya que simplemente no interesan.

Desde hace años, representantes del mundo lingüístico en Galicia y Valencia están denunciando una falta de respeto por parte de las autoridades regionales sin precedentes desde tiempos de Franco, cuando el mero hecho de pretender usar las lenguas co‐oficiales con uso divulgativo era castigado, ya que “España era una y única”.

No sé hasta qué punto será coincidencia que en ambas regiones gobierne el sector más conservador del Partido Popular, con Feijó en Galicia y con Fabra y Rita Barberá en la Comunidad Valenciana, pero parece que se han puesto de acuerdo con hacerle el trabajo sucio a Rajoy para que él se centre en aspectos más importantes como las relaciones internacionales y en aplicar leyes que ya se habían tirado al baúl de los recuerdos como los acuerdos con la iglesia católica en cuanto a la implantación de la asignatura de religión en los centros públicos.
Desde hace años se ha usado el término “discriminación” como si de una muletilla se tratara cuando se ha intentado criticar las políticas lingüísticas en los territorios bilingües e incluso se ha hablado de persecución a los castellanohablantes. Eso sí, esto salía de la boca de los “representantes” políticos, porque a pie de calle no es lo opinaría la gente. Es más, desconozco si ocurre lo mismo en el resto de territorios, pero al menos en Valencia y periferia existe la posibilidad de poner una hoja de reclamación en un establecimiento si hablas en castellano o en valenciano (dejemos a un lado distinciones político‐lingüísticas, pues no estamos hablando de la diferencia entre valenciano y catalán) y el dependiente se niega a responderte en la lengua en la que le hables, sea por el motivo que sea (normalmente será ideológico), pero por suerte la gente es civilizada y no se suele llegar a tal extremo.
Los intentos de las dos comunidades autónomas por hacer que sus respectivas lenguas se vean representadas en el día a día (empezando por la educación y la cultura) han sido continuamente obstaculizados por los gobiernos (no olvidemos que el PP gobierna en Valencia desde 1992 y en Galicia desde 1990 hasta 2005 y desde 2009 hasta la actualidad), que no se quieren dar cuenta de que la lengua no es un capricho de unos pocos que se niegan a seguir al rebaño, sino que es un aspecto cultural de un territorio.
Valencia explotó con el intento de Barberá de derribar el mítico barrio pesquero de El Cabanyal y con el cierre de Canal 9, pero la última hazaña de la señora alcaldesa está provocando rabia y burlas entre los internautas valencianos, que han tomado las redes sociales para defender lo que consideran suyo. Así, bajo el hashtag de “el caloret del gintònic”(el calorcito de la ginebra) https://www.youtube.com/watch?v=JRr6CAN7ue0, Rita Barberá se ha convertido en una parodia en la región mediterránea, e incluso su discurso ha pasado a ser la nueva canción para las fiestas falleras 2015 que ya han comenzado en la capital del Túria.
Desde hace años se está denunciando que en la región atlántica se está perdiendo la lengua regional y que resulta muy difícil por ejemplo ver una película en gallego o con subtítulos en dicha lengua y el Partido Popular ha mostrado una vergonzosa falta de interés para solventarlo.
Por desgracia, España está volviendo a una situación a la que jamás pensamos que volveríamos: estamos a un paso de permitirles a unos pocos elegir cómo quieren que sea nuestro sistema, ya sea a nivel político como electoral, pues no pueden osar esconder que ya no cuentan con el poder de los votos de los ciudadanos, pues consideran que con votar cada 4 años ya contamos suficiente, como cultural y social (ahora también les dicen a nuestros chavales de 2º de Bachillerato que necesitan un salvador para ser felices y a las chicas que abortar es algo inmoral). Por ello, sólo nos queda una baza: votar, salir a la calle y alzarnos contra aquellos que quieren hacer que bajemos la cabeza y sigamos al rebaño.

Verónica

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